Los pasillos del edificio del Gobierno Regional en Coquimbo han sido un hervidero de rumores durante la última semana. En los círculos políticos oficialistas se hablaba de un inminente cambio de timón y de que el delegado presidencial, Víctor Pino, tenía las horas contadas. Sin embargo, la autoridad decidió golpear la mesa este jueves para frenar en seco las especulaciones: no se va.
El escenario para Pino no venía siendo fácil. Su figura estaba contra las cuerdas tras una tormenta perfecta: quejas por falta de liderazgo en conflictos territoriales con dirigentes rurales, reuniones de gabinete marcadas por la tensión interna y el duro revés político que significó el descuelgue del senador Matías Walker en la acusación constitucional contra el exministro Nicolás Grau; un episodio que dejó en evidencia, para muchos, una preocupante falta de articulación política desde la Delegación.
Todo apuntaba a que su salida era cuestión de tiempo. No obstante, frente a la ola de comentarios que daban por hecho su reemplazo, el delegado emitió una declaración pública con un mensaje claro y directo hacia sus detractores.
“Mi energía está puesta en gestionar”
En el documento, Pino descartó tajantemente haber presentado su renuncia y aseguró que continuará al mando mientras mantenga la confianza de Gabriel Boric. “Entiendo que puedan surgir distintas opiniones, pero mi energía está puesta en gestionar, resolver problemas y trabajar por el bienestar de las familias de la región”, enfatizó.
Para no dejar espacio a dudas sobre su estabilidad en el cargo, la autoridad regional fue categórica respecto a su futuro inmediato: “Mi continuidad es una decisión que corresponde al Presidente de la República y no está, ni ha estado en cuestión”.
El delegado cerró su intervención reafirmando que seguirá desempeñando sus funciones “con la misma convicción, responsabilidad y compromiso” del primer día. Ahora, el desafío de Pino será demostrar si esta declaración logra calmar las agitadas aguas del oficialismo en la región, o si se trata solo de un respiro temporal en medio de una crisis política que aún no se cierra del todo.

