El tiempo parece haberse detenido para la familia Riquelme Argandoña. Lo que comenzó como una tarde rutinaria de noviembre en Los Vilos, se ha transformado en una angustiante espera que ya cumple ocho semanas. Priscilla Argandoña Godoy (47) desapareció el pasado 13 de noviembre, dejando tras de sí una estela de interrogantes y una última llamada telefónica que todavía eriza la piel de sus hijas.

El último avistamiento
Eran cerca de las 14:00 horas en el pasaje Lima cuando el rastro de Priscilla se perdió de vista. Según los antecedentes, la mujer abordó un automóvil color azul. Al volante iba un hombre de entre 48 y 50 años, cuya actitud delataba su desconocimiento de la zona: se veía desorientado, ajeno a las direcciones del tránsito local.
Tres días después, el 16 de noviembre, se produjo el contacto más escalofriante. Priscilla respondió una llamada de su familia, pero la comunicación fue cortada de forma abrupta. Sus hijas están seguras: no estaba sola. Desde ese instante, el silencio ha sido absoluto. Su WhatsApp fue eliminado y su teléfono nunca más volvió a encenderse.
Una búsqueda en la oscuridad
A pesar de las denuncias por presunta desgracia interpuestas ante la PDI y Carabineros, la familia acusa un estancamiento en la información oficial. “Seguimos en blanco”, confiesan con dolor, mientras lidian con la crueldad de las redes sociales. En estos meses, han recibido múltiples pistas falsas, incluyendo un misterioso dato proveniente de Paine que, tras ser investigado por ellas mismas, terminó en un callejón sin salida.
“No perdemos la esperanza de encontrar a nuestra mamá”, señalan Francisca y Perla, quienes se han convertido en las motoras de una búsqueda ciudadana que no descansa.
