para atrapar la pesca del día. Con la misma paciencia que cose, contesta las preguntas de turistas y curiosos. Para todos los conocedores del mar, él es una enciclopedia viviente de los quehaceres marítimos. Pero hay un solo dato que desconoce: el origen de la misteriosa Cruz de Cavancha. “No sé. Me preguntaron hace pocos minutos lo mismo, y no sé la historia”, cuenta.

Según consignó La Estrella de Iquique, esta figura es popular entre los buzos locales, pero pocos saben su ubicación exacta y menos conocen la historia del porqué se sumergió esta construcción hace más de 30 años en el fondo de un sector de playa Cavancha. Los que tuvieron la fortuna de verla se deslumbraron con la experiencia.

Aunque don Ángel no conocía esta cruz, dos experimentados colegas suyos de la Caleta, Mario Gálvez y Juan Vílches, sabían perfectamente algunos detalles de la estructura. Estos pescadores -cada uno con más de 50 años en el mar- conocieron la figura que está bajo el agua y tuvieron experiencias poco agradables con esta. Aseguran que esta ofrenda está desde la década del ’70 en las profundidades iquiqueñas. “Donde terminan las piedras está parada”, detalla Gálvez, apuntando hacia una lancha que está en el muelle de Caleta Cavancha. “Ahora está cubierta de puntos blancos, y te dejan la cara deforme. A mí me dejó el rostro como Popeye”, advierte Vilches.

Bernardo Toro, biólogo marino de la Universidad Arturo Prat -y buzo profesional- fotografió la Cruz de Cavancha. Explicó que a primera vista, los que pasan por este sector submarino, quedan anonadados con la diversidad marina que existe alrededor de la construcción, aunque advirtió -al igual que los pescadores- de la toxicidad de la figura, ya que tiene en toda su superficie la denominada “avispa de mar”.

“Se ha formado como un arrecife artificial, donde vive una gran cantidad de nidiarios, específicamente de la especie Anthothoe chilensis, le dicen ‘avispa de mar’. Es un organismo urticante, que produce serias lesiones en la piel de los seres humano”, menciona.

Él también ha sido víctima de la Cruz de Cavancha. En una ocasión, por desconocimiento, tocó la estructura, la que como mecanismo de defensa botó su veneno. Toro tragó la sustancia tóxica y estuvo hospitalizado por varios días.

“Yo mismo la he tocado y tragado su veneno. He estado con problemas serios en el Hospital por haber tragado el veneno, al picarme cerca de la boca. El veneno dura en la sangre unos cinco días. Días en los que uno no puede ir a trabajar, se te hincha la zona afectada similar a lo que haría una picadura de serpiente”, subraya.
Historia

Algo que dicen al unísono los pescadores conocedores de la cruz es que la persona que sumergió esta figura religiosa en Cavancha fue el fallecido dueño del Hotel Cavancha, don Enrique Anguita.

“Mi marido la llevó en su bote, un poquito más allá donde están los pescadores, por ahí la tiró. Quería proteger esa parte de Cavancha, a los pescadores. Él amaba a su Iquique, la playa. Para proteger a la gente que pescaba. Al frente del Hotel, también instaló una gruta con una virgen. En un principio, esa virgen se iba a tirar al mar y la cambió por la cruz”, recuerda la señora Vilma Cáceres, viuda de Enrique Anguita.

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