
(NACIONAL / SALUD Y CIUDADANÍA).– Este fin de semana los chilenos deberán prepararse para un nuevo ajuste en sus rutinas. Este sábado 4 de abril, a la medianoche, los relojes deberán atrasarse en una hora para dar inicio oficial al horario de invierno, medida que se extenderá hasta septiembre —a excepción de la región de Magallanes y la Antártica Chilena, que mantienen su huso horario—.
Si bien el objetivo de este cambio es aprovechar mejor la luz natural y optimizar el consumo de energía, la alteración del reloj también trae consigo un impacto directo en el cuerpo humano.
El “jet lag” biológico
Francisco Ceric, director del Doctorado en Psicopatología de la Universidad del Desarrollo, explica que esta modificación genera una desalineación transitoria en el “ritmo circadiano”, es decir, el reloj biológico del cerebro.
Esta alteración influye en la liberación de hormonas clave como la melatonina y el cortisol, dificultando el inicio del sueño y elevando los niveles de estrés. “El cerebro sigue funcionando por algunos días según el horario previo, como si hubiera una especie de jet lag”, señala el experto, agregando que dormir mal disminuye la regulación emocional, generando mayor irritabilidad, menor tolerancia a la frustración y dificultades en la memoria y atención.
Los más vulnerables y cómo prepararse
De acuerdo al especialista, los grupos más afectados son los niños, debido a sus rutinas más rígidas, seguidos de los adolescentes, quienes biológicamente tienden a dormirse más tarde.
Para enfrentar este cambio con éxito y mitigar sus efectos, las recomendaciones son claras: ayudar al cerebro ajustando progresivamente la hora de dormir y despertar durante estos días previos (agregando o quitando 15 minutos diarios), privilegiar la exposición a la luz natural por las mañanas, evitar las pantallas o luces intensas por la noche, y reducir el consumo de cafeína en las horas previas al descanso.