
En la comuna de Coquimbo, la música suena con fuerza, pero paradójicamente, no tiene un lugar donde resonar en paz. Hoy, más de doscientos niños, jóvenes y adultos mayores están transformando sus vidas a través de la Fundación Filarmónica de Coquimbo. Reciben educación artística gratuita, instrumentos en comodato y la guía de docentes especialistas. El talento está, el financiamiento para las operaciones a través de fondos públicos existe y, lo más importante, la voluntad de aprender sobra. Sin embargo, toda esta sinfonía choca contra un muro invisible: la falta de un espacio propio.
El estadio: un refugio temporal, pero insuficiente
Actualmente, el corazón de esta fundación late en las dependencias del Estadio Francisco Sánchez Rumoroso. Si bien el gesto de la Municipalidad de Coquimbo al facilitar este recinto es valorable y ha permitido mantener a flote el proyecto, la realidad práctica es insostenible. Un recinto deportivo tiene su propia naturaleza y urgencias. Cada vez que hay un evento o un partido, las partituras deben guardarse y las clases se suspenden, interrumpiendo abruptamente el proceso formativo de cientos de estudiantes.
A esto se suma el desafío acústico y logístico. La fundación llega a impartir hasta 11 clases y ensayos de manera simultánea. Los centros culturales existentes en la comuna, además de tener una disponibilidad limitada, no fueron diseñados con el aislamiento acústico ni las condiciones técnicas que requiere la enseñanza instrumental y coral. Se está intentando afinar un violín en medio del eco de galerías y pasillos.
La infraestructura como barrera
Esta situación nos invita a una profunda reflexión sobre cómo concebimos el desarrollo cultural en nuestras ciudades. Hemos avanzado en democratizar el acceso al arte —eliminando las barreras económicas al entregar instrumentos gratuitos y clases sin costo—, pero fallamos en lo más básico: otorgar un techo adecuado. La formación artística en Coquimbo ya es una realidad tangible, pero se encuentra asfixiada por la falta de infraestructura. El arte no puede seguir siendo nómade ni depender de espacios provisorios que condicionan su crecimiento.
El llamado a la acción institucional
La Fundación Filarmónica de Coquimbo no está pidiendo un recinto terminado de la noche a la mañana. Su propuesta es concreta y realizable: la creación de un Centro Comunitario de Educación Artística. Para dar el primer paso hacia este sueño y poder postular a fondos públicos de diseño y construcción, necesitan imperiosamente que una institución pública les otorgue un terreno en comodato.
Es el momento de que las autoridades locales y regionales escuchen este llamado. Consolidar un espacio definitivo para la música en Coquimbo no es un gasto, es una inversión directa en el tejido social, en la prevención, en la salud mental y en el futuro de cientos de familias porteñas. La comunidad ya está firmando y respaldando esta petición ciudadana; ahora, la batuta está en manos del Estado para ceder ese anhelado terreno y permitir que, de una vez por todas, la música en Coquimbo encuentre su hogar.