Se escondía el sol en el horizonte y el Fuerte Lambert de Coquimbo parecía retroceder en el tiempo, repleto de piratas, cánticos, batallas y barcos enemigos que buscaban tomarse la histórica fortificación. La escena, digna de las más famosas películas de navegantes, fue parte de la recreación del “Desembarco Pirata”, organizada por la Hermandad de la Costa de Chile Nao Coquimbo-La Serena junto al municipio porteño.
Decenas de familias disfrutaron del espectáculo marcado por bengalas, gritos de guerra y una puesta en escena cargada de emoción y mística pirata.
Antes de desenvainar las espadas, el público presenció un ritual cargado de simbolismo: rapto de doncella, concursos y hasta algún pirata obligado a caminar por la plancha. Así lo explicó Osvaldo Lazo Yáñez, conocido como “Escobén”, representante de la Cofradía en Coquimbo, quien relató que cada integrante deja su nombre y su vida en tierra firme al cruzar el portalón de la Hermandad.
“Todos tenemos un nombre de combate. Al entrar a nuestra guarida se pierden los apellidos, las posiciones sociales y todo lo material. Navegamos de forma espiritual”, señaló, destacando que lo vivido en el fuerte es una navegación simbólica que honra la valentía, osadía y espíritu libertario de los antiguos navegantes.
Identidad pirata y tradición viva
La noche avanzó entre relatos, recreaciones y enseñanzas de jerga pirata, mientras embarcaciones turísticas escoltaban el asalto al fuerte. Las bengalas iluminaron el cielo y las espadas chocaron en una intensa defensa del enclave que mantuvo al público atento como si presenciara una escena cinematográfica.
Coquimbo mantiene una identidad pirata profundamente arraigada, vinculada al desembarco del corsario Francis Drake en el sector de La Herradura y a las leyendas que hablan de tesoros escondidos en Guayacán. Tradiciones que el municipio busca relevar como parte del patrimonio cultural de la comuna.
“Un pueblo sin tradiciones es un pueblo sin alma”, afirmó Lazo, recalcando que el rito pirata fortalece la identidad y la unidad. “El pirata es soñador, valiente, conquistador; se lanza al mar sin certezas. Ese espíritu, mirado desde lo positivo, es el mismo de un emprendedor y de todo ser humano”, añadió.
La Hermandad de la Costa, fundada en 1951 en Santiago por siete veleristas, es hoy una cofradía con presencia internacional. Desde Chile se rigen sus naos, manteniendo ritos, ordenanzas y protocolos que han trascendido generaciones.
Como en las mejores películas
El entusiasmo del público fue evidente. Ximena Castro, vecina de Coquimbo, destacó el ambiente familiar y la vista privilegiada del fuerte. Tracy Salas valoró la continuidad de estas actividades que permiten difundir la historia local, mientras que Ronald Grandon, de la Parte Alta, llegó con su hijo para vivir esta “increíble experiencia” que acerca a la comunidad a sus leyendas y atractivos turísticos.
Para Sofía Egraña, de La Serena, la jornada fue “como de película”, especialmente durante el lanzamiento de bengalas y el enfrentamiento con espadas.
Los más pequeños fueron los protagonistas indiscutidos. Con tricornios y sombreros de tres puntas, jugaron en los cañones, se fotografiaron con los piratas y posaron en el cepo, soñando quizás con encontrar algún tesoro escondido.
Este tipo de iniciativas refuerzan la apuesta municipal por rescatar las leyendas que han marcado a la comuna, consolidando a Coquimbo como un territorio donde la historia no solo se cuenta, sino que se vive. Porque Coquimbo, es el “Tesoro del Norte”.







