Por Frano Giakoni Ramírez, director de la carrera de Entrenador Deportivo UNAB
La situación que hoy enfrenta Mauricio Isla, sin club mientras el mercado avanza y las ofertas no llegan, no es solo una noticia deportiva. Es también el reflejo de una realidad que muchos atletas enfrentan cuando la etapa más visible de su carrera comienza a cerrarse. El alto rendimiento tiene fechas de inicio muy claras, pero rara vez tiene un cierre planificado.
Durante más de una década, Isla fue parte del núcleo competitivo de la selección chilena, protagonista de procesos internacionales y figura en ligas extranjeras. El fútbol profesional lo sostuvo en la élite, donde el reconocimiento, los contratos y la exposición parecen permanentes. Sin embargo, el deporte de alto nivel es un sistema implacable: la edad, el rendimiento reciente, las lesiones y las decisiones técnicas pesan más que la historia acumulada.
Desde las ciencias del deporte, esta transición tiene nombre: retiro o desvinculación progresiva. Y es uno de los momentos más complejos en la vida de un atleta. Estudios en psicología deportiva muestran que la identidad del deportista suele construirse casi exclusivamente en torno a su rol competitivo. Cuando ese rol se debilita o desaparece, la sensación no es solo laboral; es existencial.
El caso de Isla, más allá de lo contractual, evidencia un fenómeno estructural. El mercado no garantiza continuidad. Incluso para futbolistas con trayectoria internacional, el final puede ser abrupto. En deportes individuales la situación es aún más evidente: cuando los resultados bajan, el financiamiento y las oportunidades disminuyen. En deportes colectivos, el contrato simplemente no se renueva.
Lo que pocas veces se discute es cómo se prepara un deportista para ese momento. La mayoría inicia su carrera profesional en la adolescencia, cuando las decisiones académicas y laborales quedan subordinadas al entrenamiento. A los treinta y tantos años, cuando el rendimiento empieza a declinar, muchos descubren que el tiempo fuera del deporte será considerablemente más largo que el tiempo dentro de él.
La literatura científica advierte que la transición post deportiva puede generar ansiedad, depresión, pérdida de autoestima y dificultades económicas si no existe planificación. No se trata solo de ahorrar o invertir bien. Se trata de construir una identidad más amplia que no dependa exclusivamente del rendimiento competitivo.
En el fútbol chileno, y en el deporte nacional en general, aún falta institucionalizar esta transición. Existen programas aislados de formación, pero no un sistema robusto que acompañe al atleta desde su etapa activa hacia su reconversión laboral. En países con mayor desarrollo deportivo, los clubes y federaciones incorporan formación académica paralela, asesoría financiera y apoyo psicológico para el retiro.
La situación actual de Mauricio Isla no es un fracaso. Es una fase natural del ciclo deportivo. Pero también es un recordatorio: el alto rendimiento no es eterno. Y cuando el teléfono deja de sonar, la pregunta ya no es cuántos títulos se ganaron, sino qué viene después.
El deporte chileno necesita mirar este tema con mayor seriedad. No basta con celebrar medallas y contratos en el extranjero. Es indispensable pensar en la vida post deporte como parte integral del proceso formativo. Porque el verdadero éxito no es solo sostener una carrera larga, sino construir una vida sólida cuando esa carrera termina.
