Dejar el auto unos minutos frente al mar se ha convertido en un acto de riesgo. La brisa, las luces de la costanera y el sonido de las olas ya no alcanzan para ocultar una realidad que se repite con inquietante frecuencia en el borde costero de Coquimbo y La Serena: vehículos que desaparecen en la madrugada y, en algunos casos, reaparecen horas después convertidos en chatarra.
El más reciente caso ocurrió en Avenida Costanera de Coquimbo. Un joven de 19 años estacionó su automóvil durante la madrugada, cerca de un local de comida, con la intención de dar una breve caminata. Minutos después, al regresar, el vehículo ya no estaba. No hubo ruidos, forcejeos ni testigos. Solo un espacio vacío y la certeza de que el robo se había consumado en silencio.
“Fue a dar una vuelta y cuando llegó ya no estaba”, relató su madre, aún incrédula. El automóvil, un Toyota Yaris Sport azul, se convirtió en uno más de la lista de móviles sustraídos desde sectores turísticos durante la noche. La denuncia fue ingresada a Carabineros, pero hasta ahora no hay rastros del vehículo.
Un escenario similar se vivió en Avenida del Mar, en La Serena, donde otro Toyota Yaris fue robado mientras se encontraba estacionado durante la noche del domingo. En este caso, el desenlace fue aún más crudo: menos de 24 horas después, el automóvil fue hallado en la comuna de La Higuera, completamente desmantelado y calcinado, sin motor ni ruedas.
El hallazgo ocurrió en el sector de Quebrada Honda, a un costado de la ruta. El vehículo había sido reducido a una estructura quemada, evidencia clara de la intervención de terceros y de un modus operandi que se repite: robo en zonas concurridas, traslado rápido a sectores apartados y desarme para la venta de piezas o la eliminación de evidencia.
Familiares de la víctima relataron que Carabineros les indicó que no se trata de casos aislados. Son varios los vehículos que han sido robados desde la Avenida del Mar y la Costanera en las últimas semanas, especialmente durante la noche y madrugada, horarios donde la vigilancia disminuye y la oscuridad favorece la acción delictual.
El patrón se repite con precisión: autos estacionados en la vía pública, ausencia de control permanente, delincuentes que actúan en minutos y una cadena posterior que termina lejos del mar, en quebradas o sectores rurales, donde los vehículos son desmantelados o incendiados.
Mientras las investigaciones avanzan y las denuncias se acumulan, la sensación de inseguridad crece entre vecinos y visitantes. Lo que antes era una caminata nocturna sin preocupaciones, hoy se transforma en una decisión calculada.
La pregunta se instala con fuerza en el borde costero de la región: ¿cuántos autos más deben desaparecer para que la noche deje de ser territorio de los ladrones?
