En la Región de Coquimbo, el mar no avisa dos veces. Cada verano —y cada vez con mayor frecuencia fuera de él— las sirenas, los rescates de último minuto y las tragedias vuelven a repetirse en un patrón que ya no sorprende a las autoridades, pero sí sigue cobrando vidas. El factor común no es el oleaje, ni la marea, ni siquiera la geografía costera: es la imprudencia temeraria y el no respeto a las banderas y normas de seguridad.
Durante los últimos años, la región se ha consolidado como una de las zonas con mayor actividad de emergencias marítimas en Chile, concentrando cifras que alarman tanto por su magnitud como por su persistencia en el tiempo.
2021–2022: el verano más mortal
La temporada 2021–2022 marcó un punto crítico. Tras el levantamiento de las restricciones por la pandemia, miles de personas regresaron masivamente a las playas, muchas de ellas sin dimensionar los riesgos del borde costero regional.
El saldo fue devastador: 18 personas fallecidas por inmersión solo en la Región de Coquimbo. Según datos de la autoridad marítima, el 89% de las muertes ocurrió en playas calificadas como No Aptas para el baño, sectores donde las corrientes de retorno y los pozones hacen prácticamente imposible el escape para un bañista sin experiencia.
La mayoría de las víctimas fueron hombres jóvenes, entre 16 y 30 años, varios de ellos ingresando al mar bajo los efectos del alcohol o desoyendo advertencias explícitas.
2022–2023: menos muertes, más rescates
El verano siguiente no trajo tranquilidad. Aunque el número de fallecidos disminuyó levemente, la región batió otro tipo de récord: concentró el 53% de todas las emergencias marítimas del país.
Se registraron 96 accidentes acuáticos que requirieron rescate, muchos de ellos de alta complejidad. La Armada fue clara en su diagnóstico: la causa principal fue el baño en zonas prohibidas y el no respeto a la bandera roja.
Un dato que se repite año tras año es el perfil de los accidentados: más de la mitad eran turistas provenientes de otras regiones, especialmente de la Región Metropolitana, personas que desconocen —o subestiman— la peligrosidad del oleaje local.
El nuevo y silencioso peligro: la temporada baja
Los registros más recientes han encendido una nueva alerta. Las muertes ya no se concentran solo en verano, sino que están ocurriendo fuera de temporada, cuando no hay salvavidas ni vigilancia activa.
A fines de 2025, la Región de Coquimbo registró una tasa de accidentes acuáticos 16 veces superior al promedio nacional. Solo entre noviembre y diciembre, antes del inicio formal del verano, se contabilizaron cuatro personas fallecidas en playas no habilitadas, como sectores de Puerto Manso en Canela y tramos no aptos de la Avenida del Mar.
El patrón se repite: ingreso al mar sin autorización, ausencia de resguardo y confianza excesiva frente a un océano que no perdona errores.
Zonas críticas y factores que se repiten
Hay lugares donde la imprudencia parece reincidente. Sectores específicos de la Avenida del Mar, Morrillos en Lagunillas y los costados de Totoralillo concentran rescates y fallecimientos año tras año. A pesar de la señalética, las personas ingresan a zonas con corrientes de resaca, pozones y cambios bruscos de profundidad.
Entre los factores de riesgo más recurrentes se encuentran:
- Playas No Aptas, donde ocurre más del 80% de las muertes.
- Consumo de alcohol, presente en hasta el 20% de los rescates críticos.
- Desconocimiento del mar, especialmente en visitantes de zonas interiores.
- Falta de vigilancia, fuera del período estival.
Una tragedia evitable
Las cifras son claras y el diagnóstico está hecho hace años. La mayoría de estas emergencias no son accidentes inevitables, sino consecuencias directas de decisiones imprudentes.
Mientras las banderas rojas sigan siendo ignoradas y el mar sea visto como un juego, la Región de Coquimbo continuará encabezando estadísticas que nadie quiere liderar. La diferencia entre volver a casa o no hacerlo, muchas veces, depende de algo tan simple como respetar una señal.
